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23 de junio de 2010

Arte Románico - Arquitectura

La arquitectura románica tiene una base romana sobre la que actuan decisivamente la aportación oriental (bizantina) y la bárbara (prerrománica).
Tiene un valor esencialmente sociológico; todo lo construido se hace para que cumpla una función dentro de determinadas formas socio-religiosas .  De ahí que se den múltiples tipos de iglesias según las necesidades de la comunidad  cristiana que las levanta: pequeñas iglesias rurales, grandes iglesias de peregrinación con deambulatorio, capillas absidales y tribuna para dar cabida a un gran número de peregrinos y enormes monasterios con su claustro y dependencias añejas que responden al tipo de vida y a la prosperidad de las órdenes religiosas.
Es una arquitectura orgánica donde todos  los elementos están en estrecha relación: la longitud y anchura de la iglesia depende de su altura, las dimensiones de la nave central de las laterales, el tipo de cubierta condiona el soporte, los contrarestos exteriores...
Una de las grandes novedades de la arquitectua románica es la plena integración de las formas escultóricas y pictóricas con la arquitectura y desempeñando una función didáctica.
El material empleado es, esencialmente, la piedra, que la emplean en todas sus formas, pero especialmente el sillar. El muro de silleria se impone pronto, en parte respondiendo al deseo de medida de los arquitectos, el sillar no puede tener una forma caprichosa, es la unión de la geometría y la piedra. Ha de ser un muro recio, capaz de soportar la pesada cubierta, en correlación con los arcos transversales que en él descargan, se refuerza con estribos, cuyo resalte rompe la lisura del muro.
El mampuesto o sillarejo se utiliza en los edificios rurales contrastando con aquellos realizados en sillar cuyo nivel económico es mayor. En alguna ocasión aparece el ladrillo, como en Saint Sermin de Toulouse.
A medida que se va avanzando en el tiempo se hace patente un mejor trabajo de la piedra de los parámetros. Pero como los muros han de ser gruesos y hubiera sido un derroche poner sillar en el centro, se construye a base de dos capas de sillares, una exterior y otra interior, y en medio del ripio compuesto de piedras y argamasa. En las aberturas, puertas, ventans y galerías utiliza el arco doblado a fin de adelgazar aparentemente el groso y a la vez ocultar el ripio.
Las plantas responden siempre a funciones determinadas.  Utilizan el tipo basilicar, predominando el tipo de cruz latina perfectamente adaptada a la liturgia medieval y, a la vez, con un claro valor simbólico; la cruz representa a Dios encarnado, a la naturaliza humana elevada y redimida.
Suele tener tres naves, un crucero destacado, cuyo tramo central se eleva sobre cuatro arcos torales con un cimborrio (construcción de planta cuadrada  u octogonal en forma de torre) o con cúpula (bóveda semiesférica) o con una literna (especie de torrecilla cilíndrica o poligonal abierta en múltiples vanos) La cabecera se amplía con formas que constituyen grandiosas invenciones románicas. Así frente al único ábside paleocristiano, el románico prolonga su número a tres, triabsidal, es decir, tres ábsides continuos destacando en tamaño el central, y colocados en línea o forma escalonada. Cuando es necesario, estos ábsides se multiplican colocándose a lo largo del propio transepto (en su cara este).
Las plantas de las iglesias monacales y de peregrinación representan coracterísticas semejantes pero con un carácter monumental mucho más marcado, 5 naves en lugar de tres, tres naves en el crucero y en torno al altar mayor aparece el deambulatorio o girola que, en realidad, es la prolongación de las naves laterales en torno al ábside central y cuyo origen debe siturarse en la cripta circular prerrománica. La finalidad de este deambulatorio es facilitar la circulación de los fieles en torno a las reliquias que se veneran en el altar mayor.
A este deambulatorio suelen abrirse pequeños ábsides semicirculares que posibilitan la celebración de múltiples misas al mismo tiempo respondiendo a las necesidades de los distintos grupos de peregrinación o al gran número de monjes. Este tipo de planta apareció en francia en Sainte Foi de Conques, Saint Sernin Toulouse, llegando a su expresión más ajustada en España, en la meta de las más importantes peregrinaciones: Santiago de Compostela.

Frente a este esquema general se dan variantes que provienen de la tradición anterior, o bien son producto del desarrollo evolutivo del Románico Pleno. Entre las primeras destaca la basílica típica alemana-imperial, con raices en lo carolingio y otoniano, estructurada con ábsides contrapuestos, crucero a los pies y en la cabecera, y amplio desarrollo volumétrico del cuerpo occidental. Los ejemplos más señeros son San Miguel de Hildesheim, del primer románico pleno, con bóvedas, aunque sin alcanzar todavía los alardes de complejidad de las grandes catedrales, iniciadas a fines del siglo XII o ya en el S. XII.

También como vestigio de los tiempo prerrománicos o, en este caso, paleocristiano, podemos encontrar el atrio abierto ante las iglesia, rodeado de arquerías que ahora se suelen estructurar a base de fuertes pilares de sección cuadrada o cruciforme. El caso más notable y modélico es el de san Ambrosio de Milán, construcción que, pese a sus conexiones con el pasado tradicional clásico, puede incluirse con todos los honores dentro de los mejores productos del arte románico.

El tipo de planta central, circular y octogonal, que con un precedente tan remoto como baptisterios paleocristianos y San Vital de Rávena, se renueva un tanto en la capilla palatina de Aquisgrán, de aquí pasa – casi copiada, y ya en el S. XI – a la capilla abacial de Ottomarsheim, para, por último, dar su más variados frutos a partir de la segunda mitad del siglo XII. A veces destaca el ábside, que otras queda totalmente oculto hacia el exterior, como pasa en San Miguel de Entraygues. En España, su estructura y sentido se complican más al ser utilizadas como iglesias funerarias (Eunate, Torres del Río) o de órdenes militares con fuerte contenido mistérico (Vera Cruz de Segovia, de los templarios).

19 de febrero de 2010

Arte Románico


El románico surge a finales del siglo X y comienzos del XI y se desarrolla a lo largo de éste y del siglo XII, como culminación del largo proceso de ensayos que suponen los estilos prerrománicos a los que se incorporan influencias bizantinas  y orientales que se reciben a través de Italia y España, y más tardíamente, a través de las propias Cruzadas.
Recibe el nombre de románico en el siglo XIX por considerarse que sus formas deriban del romano y es el primer estilo internacional de Europa. Fue el normando Adrien de Gelville, quien lo utilizó en 1818 para explicar la degeneración de la arquitectura romana; es decir, con menosprecio.
Su desarrollo, como máxima expresión de la cultura occidental, supone la primacía de la cultura europea, se impone eclipsando las culturas bizantinas e islámicas.
El románico contituye, en realidad, el lenguaje artístico común a toda la cristiandad de occidente y se manifiesta como un arte universalista y teocéncrico, todo está al servicio de Dios, con una gran unidad  de estilo pero  sin un detrimento de localismos; cada pueblo, aún reproduciendo unas formas comunes,  se expresa de forma peculiar, de ahí que distinguiremos arte románico italiano, francés, español e incluso, varios focos dentro de estos paises.

La creación y consolidación de este estilo responde  y fue favorecida por una serie de circunstancias históricas:
Como manifestación artística de la sociedad feudal se ha considerado en casi todos los estudios al románico, que no fue simplemente un arte monástico, sino también aristocrático, expresión de superioridad social de los dos estamentos que culminan la pirámide social: el clero y la nobleza, e incluso de la identificación entre ellos.
Es una época de interrupción de los intercambios comenciales, carente o escasa de moneda, la tierra es la fuente de toda riqueza y de todo poder, en la calidad de terratenientes coinciden monjes y nobles que son mecenas y clientes casi exclusivos de los artistas hasta el siglo XIII.
Su formación y propagación dependió en gran manera de la enorme importancia que las órdenes religiosas adquirieron dentro del medievo. Los cluniacenses, primero, y despues los cistercienses crearon determinadas formas artísticas y, carentes de un marco nacionalista, las extendieron en el marco geográfico del Imperio Cristiano de occidente.
El monasterio refleja la importacia de la vida monástica en los últimos siglos altomedievales. Lejos de las poblaciones, los cluniacenses encontraron emplazamientos privilegiados por la belleza y grandiosidad del paisaje. A parte de las instalaciones necesarias para la vida en comunidad, granja, carpintería, dormitorios, etc.
En el monasterio románico destaca el claustro adosado a la iglesia y las dependencias anejas (sala capitular, refectorio). El claustro en un gran patio central cuadrado, rodeado de galerías con arcos de medio punto que se apoyan en columnas; por su importancia en la vida del monje (paseos, rezos individuales) se cuida la decoracón escultórica y la sensación de recogimiento general, conseguido por medio de los contrastes de luz de la zona central descubierta y la penunbra de las galerias.

El estamento nobiliario es el otro sector social con capacidad económica para patrocinar construcciones, de manera tal que el castillo es tan peculiar de la época como el templo o el monasterio. El la Alta Edad Media no se habían conocido otras defensas militares que las fortificaciones urbanas realizadas por el levantamiento de recintos defensivos en el campo: no infrecuentemente un castillo, con su empalizada y su foso se eregía al lado del monasterio, configurando así el otro centro en torno al que giraba la vida de los campesinos.  Estas defensas de madera, fáciles de incendiar, desaparecen durante el siglo X y ya a mediados del XI hay castillos de piedra en la región del Loira. Son construcciones macizas, divididas en pisos, jalonadas de torres. En España uno de los cunjuntos más impresionantes del siglo XII es el castillo de Loarre (Huesca).
Un mismo espíritu une a templos y castillos, pues el convento benedictino se levanta en altura como una fortaleza y es muy conocida la expresión de Oskar Beyer, quien definía a las iglesias románicas como "castillos de Dios". El arte cumple el cometido público de exhibir la majestad del poder; no se  construyen edificios tan inmensos para que los fieles se reunan a rezar o para que los campesinos convivan con los señores dentro del castillo, sino para resaltar la superioridad social de quienen podían despilfarrar en mole que impresionaban por su desproporción con respecto a las necesidades del uso.
También las preregrinaciones a Tierra Santa pasando por Italia, a Sant Michel o a  Santiago de Compostela, crearon determinados caminos de expansión económica y cultural.
Facilitaron la rápida propagación de las nuevas formas artísticas  que, adoptando distintos aspectos en unas y otras zonas, impidieron un monótono desarrollo del estilo y ayudaron a su propagación a través cuadrillas volantes de canteros que trabajaban sucesivamente, en distintas obras a lo largo del camino de pereginos. Emile Male comprobó que a lo largo del camino se encontraban las mismas composiciones iconográficas. Otros estudios han demostrado la repetición de fábricas de los edificios de S. Martin de Tours, Saint Sernin de Tolouse y la Catedral de Santiago.  Así el Camino de Peregrinos a Santiago fue decisivo para el románico español.

La obra de Henri Focillon, el terror del año mil, ha resaltado el clima de angustia que invadió a las poblaciones de Europa durante el siglo X. Una serie de circunstacias políticas (invasiones de normandos, musulmanes, húngaros) generan este clima de desasosiego, pero los hombres del 900 le dan una formulación religiosa y se propaga por todas partes la oscura profecía del Apocalipsis, en la que se entendía que el mundo desaprecería en el año 1000. Cuando se comprobó que ni en éste ni en el 1033 (milenario de la muerte de Cristo) se producía la última hora de la humanidad, un sentimiento pietista de acción de gracias  multiplicó las manifestaciones colectivas de fe.  Para la mayoria de los cristianos el año 1000 no señalaba el fin del mundo, sino simplemente el inicio de una era de calamidades, hambre y enfermedades que en efecto cunturbaron en bastantes ocasiones a las poblaciones.  Como acción de gracias o como refugio de temores la piedad se expresa en una intensa renovación del arte religioso.  Abonaría estas explicaciones la temática de la plástica románica, con su abundancia de monnstruos y visiones infernales y con la insistencia en colocar el Juicio Final como escena que preside la entrada de los templos.

Existen varios escritos de cómo cada una de las partes de una iglesia tenía su correspondiente en la iglesia  cómo Cuerpo místico de  Cristo. Así: las criptas simbolizan la vida oculta de los fieles, el suelo que se pisa con los pies su humildad; las cuatro paredes son las cuatro regiones de donde vienen los pueblos hacia Cristo; la piedra angular simboliza a los cuatro Evangelios. La pared de la izquierda recuerda a los judíos, la de la derecha a los paganos. Las piedras cuadradas representan a las almas perfectas unidas unas con otras por el cemento, que es la caridad. Las doce columnas principales son los profetas y apóstoles. La bóveda es el escudo con que  protegen los príncipes seglares a la iglesia.
También existen pruebas feacientes de cómo el monasterio con su claustro, en su carácter autosuficiente, debía ser un microcosmos que anticipara, en su prefecto funcionamiento, la Jerusalén celestial.

El artista en la mayoría de las ocasions sólo era considerado como un artesano más, nungún mecenas le ponía a su especial servicio. Cuando acababa una obra, se acababan los pagos y tenía que ir en busca de otra. Sin embargo, el hecho de que a algunos les permitieran firmar en su obra (Gisleberto, en Autum; Willigelmo, en Módena, Giliberto en Toulose, o Mateo, en Santiago) puede denotar un reconocimiento de su importancia, que incluso puede permitir, en un caso excepcional, el autorretraro en perpetua oración en la cara posterior de la portada (Mateo, en Santiago). Pero quizá sea más significativo de este aprecio hacia determinados artistas la donación de casas y viñas que hace el Obispo de Pamplona en 1101 al Maestro Esteban (Catedral de Pamplona y Catedral de Santiago), o la del rey Fernando II (1168) a favor de Mateo, Catedral de Santiago.
 
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