12 de mayo de 2009

Pintura Rupestre





Es el arte estrella de la Edad Paleolítica. El artista no se limita a grabar figuras de bisontes, renos y otros animales en pequeños trozos de hueso o piedras sueltas, sino que los graba o pinta en las cuevas y abrigos naturales. Estos lugares han seguida siendo a lo largo de las generaciones santuarios de carácter mágico, este hecho hace que el nuevo pintor no borre las representaciones anteriores y es corriente encontrar figuras superpuestas.
La mayor y la mejor parte de estas pinturas murales se han descubierto en el sudoeste de Europa, en España y Francia.
El apogeo de la pintura paleolítica corresponde con el periodo Magdaleniense. La técnica se enriquece: se cubren con rayas el interior de las figuras, se gradúa la intensidad de color y se abandona la monocromía. En España, la de San Román de Candamo (Asturias) y las cuevas de Altamira de Santillana (Cantabria) En esta última se aprovecha las formas naturales de su bóveda para representar en ellas los animales, que tienen así un relieve, en parte, real.

De la misma época que las pinturas anteriores según unos, y de época algo posterior, según otros, las pinturas de la Región Levantina ofrecen grandes novedades y forman un grupo perfectamente definido.
En vez de encontrarse en cuevas oscuras, decoran abrigos a plena luz. La escala empleada es mucho menor a veces hasta minúscula.
La figura humana que en el estilo anterior apenas se representa, aquí aparece perfectamente definida y desempeña un papel importante.
El artista lejos de yuxtaponer figuras, crea escenas de caza, guerra y danzas rituales. Desde el punto de vista técnico, lo más importante es que el colorido es plano y el estilo mucho más esquemático.
En España, las de Cogul (Lérida), la de Araña de Bicorp (Valencia)


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